Crítica al ajedrez

No faltan los detractores que desprecian apasionadamente al juego y le encuentran un sinnúmero de fallas.
La primera es reciente: “El ajedrez es demasiado simple: solamente 64 casillas hacen trivial el juego”. Le contestaron: “Así como 27 letras del alfabeto restringen completamente la capacidad de producir una literatura interesante”.

El actor Joaquin Phoenix necesitaba actuar como un demente de manera realista en la película “El Guasón”. Por ese motivo tomó un curso intensivo de ajedrez durante seis meses. El ensayo le salió a la perfección.

Jugar con Dios:

Trágicamente, existen ejemplos reales: Wilhelm Steinitz, campeón mundial de ajedrez durante casi dos decenios, terminó con desórdenes cerebrales y declaró haber jugado con Dios dándole ventaja de peón y salida. Paul Morphy derrotó a todos sus oponentes durante dos años en una gira por Europa y era capaz de recitar de memoria el código civil de Luisiana. El mexicano Carlos Torre, un genio que se codeaba con los mejores de la época, sufrió un colapso mental a bordo de un autobús en Nueva York y allí mismo comenzó a desvestirse. Recordemos que ganó a Lasker y empató con Capablanca y Alekhine. Su episodio interrumpió brutalmente una brillante carrera. Nimzovich pretendía estar loco para enloquecer a sus rivales, pero en realidad sólo era un manojo de nervios. Bobby Fischer también sufrió una inestabilidad mental pronunciada y se retiró prematuramente del ajedrez competitivo al igual que Morphy. El común denominador de todos ellos: una genialidad inconmensurable.

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